Se puede estar de acuerdo con la política económica del gobierno, o no.
Se puede considerar que las declaraciones del gobernador del Banco de España son más o menos adecuadas.
Se puede creer que los sindicatos son leales, traidores, vendidos o comprados.
Pero las formas no pueden perderse. No se puede argumentar con insultos. Las ideas no se transmiten a través de palabras soeces, con exabruptos o a voces.
Me refiero a estas declaraciones de José Ricardo Martínez, secretario general de UGT en Madrid.
Intentar convencer a los trabajadores dándoles esa especie de pan y circo en forma de violencia verbal sólo puede significar dos cosas. Que el orador carece de los argumentos necesarios que sostengan sus afirmaciones o que considera a su auditorio incapaz de comprender algo más que insultos y palabras malsonantes.
En ambos casos el panorama que se ofrece es desolador. Se necesita otro tipo de representante de los trabajadores. Se necesita otra forma de hacer política.
Se puede considerar que las declaraciones del gobernador del Banco de España son más o menos adecuadas.
Se puede creer que los sindicatos son leales, traidores, vendidos o comprados.
Pero las formas no pueden perderse. No se puede argumentar con insultos. Las ideas no se transmiten a través de palabras soeces, con exabruptos o a voces.
Me refiero a estas declaraciones de José Ricardo Martínez, secretario general de UGT en Madrid.
Intentar convencer a los trabajadores dándoles esa especie de pan y circo en forma de violencia verbal sólo puede significar dos cosas. Que el orador carece de los argumentos necesarios que sostengan sus afirmaciones o que considera a su auditorio incapaz de comprender algo más que insultos y palabras malsonantes.
En ambos casos el panorama que se ofrece es desolador. Se necesita otro tipo de representante de los trabajadores. Se necesita otra forma de hacer política.


